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Lucas Menghini Rey: despedida con amor y rosas

Sus padres, su hermana, sus tíos y abuelos, primos y amigos, aún en el inmenso dolor contenido, lo despidieron con alegría y amor; seguramente como él vivió, y con sus canciones, las que había compuesto y tocaba en una de las bandas, «Chimeneas». El «Chimu», como lo conocían todos, siempre se hizo notar. Desde chico, demostró su gusto por la música. En algún momento, en una de esas habituales charlas entre padres e hijos sobre el futuro y lo que vas a hacer en la vida, el Chimu le respondió: «quiero ser feliz». Así de simple. Fue padre a los 16 años y lo vivió con alegría. Últimamente estaba contento porque lo iban a ascender en el call-center que trabajaba, en el centro de Buenos Aires. Hacia allí se dirigía como todos los días cuando lo sorprendió la muerte, en el tren al que se subía diariamente, casi a la misma hora. Hacía siempre el mismo camino y desde su casa a la estación de Padua, saludaba a todos. Al banderillero del tren, siempre un «hola, man». Era muy conocido.

El lugar de encuentro con sus amigos y conocidos, y con la banda, era la Casa Frida, en Ituzaingo. Una antigua casona, de esas con patio de tierra y árboles añosos, que sus propietarios dejaron a los jóvenes para que en sus habitaciones hagan arte, toquen música, pinten, escriban. Allí lo despidieron el sábado: en el patio de tierra, debajo de los frondosos árboles, donde sus amigos habían preparado todo, como una reunión más, de las tantas que seguramente habrán compartido. Y allí sonó su banda y pasaron sus canciones. Alguna, de pronto merecía la crítica de una de sus primas que comentaba en voz alta: «estaba desafinado ahí», y permitía dibujar sonrisas en los rostros de dolor de los presentes que buscaban alguna explicación que no se puede encontrar aún. Mientras su madre les daba ánimo a todos, diciendo que Lucas estaba en todo lo que había hecho, su padre lo recordaba de la forma en que había vivido. Sus primos, rememoraban una y mil anécdotas, y sus amigos, que habían organizado todo, repartían gaseosas y galletitas, seguramente como lo hacían cada vez que se encontraban a tocar o compartir la vida.

Lucas con Chimeneas. Foto: lafreewayrock.com.arLucas fue despedido con alegría y amor, la misma que brindó en su corta vida. No se merecía que la ineficiencia de empresarios inescrupulosos y de funcionarios que dejan pasar por alto las deficiencias de un servicio que a diario se ve, lo terminen matando, como a los otros 50. Lucas no fue un número más y tal vez, las 51 muertes queden representadas en su rostro, y en su historia. Una muerte que no debe quedar en el olvido, que merece que los responsables sean castigados y que el servicio público sea mejorado, para evitar otra tragedia. Esta fue una de las canciones que sonó el sábado en Casa Frida, debajo de los árboles donde lo despidieron a Lucas. Moscas en Rosas; letra y música del Chimu Menghini.

Chimeneas – Moscas en Rosas from chimeneas on Vimeo.

Lunes 27 de febrero de 2012

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