El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires advirtió sobre el impacto de la crisis económica y el endeudamiento de las familias en los niveles de violencia y señaló un fuerte crecimiento de los delitos vinculados al cobro de deudas. En diálogo con Gustavo Sylvestre en Radio 10, también puso el foco en el aumento de los suicidios y reclamó una política integral de salud mental.
El ajuste económico impulsado por el gobierno libertario y la caída de la actividad económica empiezan a tener un correlato directo en fenómenos sociales que afectan a la convivencia, y la paz social. Así lo entiende el ministro de Seguridad Bonaerense Javier Alonso quien precisó que “la seguridad es un tema muy delicado. Nosotros estamos permanentemente en la calle y cerca de la gente y nos toca lidiar con los momentos más desagradables: los asesinatos, los robos, la muerte, la violencia, los suicidios”.
El funcionario destacó los resultados de las políticas de prevención y el trabajo conjunto con los municipios. Según afirmó, “logramos que cada intendente construya un plan integral de seguridad que busca la prevención” y aseguró que la Policía bonaerense logra esclarecer “el 98% de los homicidios en la provincia de Buenos Aires”.
Sin embargo, Alonso advirtió que existen otras formas de violencia que requieren políticas específicas. “El año pasado tuvimos 89 asesinatos en ocasión de robo, que fue la cifra más baja de la historia de la provincia, pero son 89 personas que fueron asesinadas”, señaló. Al mismo tiempo, remarcó que hubo “1000 muertes en accidente de tránsito” y alrededor de “2000 muertes violentas por suicidio”.
Alerta por el aumento de los suicidios
Uno de los principales ejes de la entrevista fue el deterioro de la salud mental. Alonso indicó que se trata de un problema que afecta especialmente a la población joven y que registró un fuerte incremento en los últimos años.
“En 2024 llegamos a tener 4200 suicidios en todo el país y el año pasado llegamos a tener 5249. Creció un 25%”, afirmó.
Para el ministro, el fenómeno debe ser abordado como un problema social y comunitario y no como una cuestión individual. “Tanto el suicidio, que es un tabú del que nadie habla, como este tipo de deudas, la gente entiende que es un fracaso individual cuando en realidad hay una política económica que está cayendo sobre el tema de las deudas y una falta de una política de salud mental”, sostuvo.
En ese sentido, reclamó una estrategia que permita detectar situaciones de vulnerabilidad antes de que deriven en hechos irreversibles. “Si nosotros nos fortalecemos una política de salud mental que tiene que ver con una salida sociocomunitaria, que tiene que hablar sobre esto, va a seguir creciendo la violencia”, advirtió.
Alonso también señaló que los problemas de convivencia se están expresando cada vez más a través de la violencia. “El delito que más creció es la violencia intrafamiliar y el segundo es la violencia de medianeras. Entonces, estamos teniendo problemas para resolver nuestras diferencias. Recurrimos a la violencia”, explicó.
Endeudamiento, usura y violencia
Otro de los puntos centrales de la entrevista fue el crecimiento de los préstamos informales y la violencia asociada al incumplimiento de las deudas. Alonso describió un circuito en el que las familias más vulnerables, luego de perder el acceso al sistema financiero formal, terminan recurriendo a prestamistas informales.
“Una familia muy vulnerable, una familia que no le alcanza para comer, ya ni siquiera accede a esos lugares que no son bancarios, pero que tienen que estar registrados. Fueron al banco, perdieron el crédito bancario, fueron a una mutual, fueron a una billetera, ya pierden ese acceso y siguen necesitando plata”, explicó.
Según el ministro, en muchos barrios los préstamos informales terminan vinculados con organizaciones criminales. “Terminan en un usurero del barrio que hoy es alguien que está vendiendo droga en general. Estamos hablando de los sectores más vulnerables, los sectores más pobres”, afirmó.
Para graficar la magnitud del problema, relató una causa judicial en la que una familia había solicitado $200.000. “En 15 días tenía que volver el doble y si en una semana, si en un mes no lo pagaba, tenía que devolver $700.000 pesos. Pasados los cinco meses, estos extorsionadores, que son delincuentes, asesinos, le querían cobrar 25 millones de pesos de intereses”, detalló.
El objetivo final, según Alonso, era quedarse con la vivienda de la familia. “Así como hay una violencia financiera que se traduce en intereses que son usurarios en los sistemas formales, imagínese cuando eso llega a la violencia de este tipo de sistemas”, señaló.
Se duplicaron los delitos violentos vinculados a deudas
Alonso aseguró que las estadísticas de los primeros meses del año muestran un crecimiento significativo de los hechos violentos relacionados con deudas.
“Los primeros cuatro meses del año se duplicaron los hechos respecto del año pasado de hechos violentos relacionados con deudas de dinero”, afirmó. Y precisó que se trata de “250 casos, 300 casos por mes” en la provincia de Buenos Aires.
El funcionario vinculó directamente este fenómeno con la pérdida del poder adquisitivo. “En los barrios está muy difícil la situación, está muy difícil ganar el mango, parar la olla, como se dice, y la gente vive al día, entonces eso está generando muchísima violencia”, sostuvo.
Además, explicó que los delitos asociados al cobro de préstamos pueden involucrar homicidios, amenazas, lesiones graves y enfrentamientos entre organizaciones criminales.
“En los primeros tres meses del año se duplicó la cantidad de delitos con una violencia lesiva, homicidios, intentos de homicidios, ajustes, amenazas, lesiones graves, que llevan adelante bandas dedicadas al narcomenudeo sobre ciudadanos a los que les habían prestado dinero”, indicó.
Como ejemplo, mencionó un operativo realizado en el barrio Ejército de los Andes, en Tres de Febrero, donde dos facciones de una banda criminal se disputaban el negocio de los préstamos informales. “Se estaban disputando el negocio de prestar plata en el barrio. Entonces es algo que es muy rentable”, explicó.
La situación económica y la seguridad
Alonso sostuvo que el deterioro económico tiene consecuencias directas sobre la convivencia social y cuestionó que determinadas situaciones sean analizadas exclusivamente desde la perspectiva policial.
“El poder adquisitivo está por el piso, no llega y eso está alterando mucho la convivencia”, afirmó. Y agregó: “Nosotros la seguridad la construimos sobre la convivencia de la gente”.
En esa línea, sostuvo que los problemas económicos y de salud mental deben formar parte de la discusión sobre seguridad pública. “Esto tiene que ver además con una implosión de la familia”, consideró.
La discusión por las estadísticas de seguridad
Durante la entrevista, Alonso también defendió los resultados de la provincia de Buenos Aires en materia de homicidios y robos y cuestionó la forma en que se presenta públicamente la problemática de la inseguridad.
“Hoy los homicidios estamos un 4% abajo del año pasado en materia de homicidios”, afirmó. También comparó las estadísticas de robos de la provincia con las de la Ciudad de Buenos Aires y sostuvo que la provincia registra una tasa inferior.
Un programa para prevenir suicidios en la Policía bonaerense
Finalmente, Alonso puso el foco en la situación de los integrantes de las fuerzas de seguridad y destacó un programa implementado por la provincia para detectar y asistir a policías en situación crítica.
“En la Policía los suicidios se multiplican respecto del conjunto de la sociedad”, explicó. Según señaló, esto genera una situación particularmente compleja porque los agentes tienen acceso permanente a un arma de fuego.
“Una persona que tiene una angustia, que tiene una situación de dolor, que está pensando en matarse, esa persona tiene un arma en la cintura. Entonces, el pasaje a la acción es muy rápido”, advirtió.
El ministro informó que el programa lleva dos años de funcionamiento y que actualmente brinda seguimiento a “230 casos críticos”, mientras que ya fueron asistidos “más de 2000 policías”.
Para Alonso, la clave está en detectar las señales de alerta y romper con el silencio. “Hay que poder hablar, que sus compañeros hablen, que pidan ayuda, que sus jefes hablen. No hay otra forma”, afirmó.







