El sociólogo, investigador y docente universitario expresó su preocupación por la política de apertura total a las empresas de inteligencia artificial impulsada por el gobierno de Javier Milei y advirtió sobre los riesgos de convertir a la Argentina en un laboratorio de pruebas para desarrollos tecnológicos que enfrentan regulaciones en otras partes del mundo.
Durante una entrevista en Mañana Sylvestre por Radio 10, el experto en temas de tecnología Ariel Goldstein sostuvo que el fenómeno debe analizarse en el marco de una nueva estructura global de poder dominada por grandes corporaciones tecnológicas.
“En el centro están las grandes corporaciones tecnológicas. De ahí viene la inteligencia artificial. Pero en el centro no pueden hacer lo que quieren porque existen regulaciones. Estas empresas necesitan datos y en la periferia aparecen personajes como Milei que están dispuestos a facilitar una aceleración de ese régimen”, afirmó.
“Vienen a buscar acá lo que en sus propios países no pueden hacer”
El autor de La nueva oligarquía tecnológica consideró que la Argentina ocupa un lugar periférico dentro del nuevo orden tecnológico global y que esa posición es aprovechada por las grandes compañías del sector.
“El caso de Milei es un experimento libertario que habilita cosas que en el centro no se pueden hacer. Vienen a buscar acá lo que en sus propios países no pueden hacer”, señaló.
Para Goldstein, mientras en distintos países se discuten límites y controles sobre la inteligencia artificial, la estrategia oficial argentina apunta en sentido contrario.
“Mientras algunos sectores están estableciendo regulaciones, Milei está diciendo que acá pueden hacer lo que quieran”, remarcó.
La advertencia de las propias empresas tecnológicas
El investigador destacó que incluso compañías líderes en inteligencia artificial están comenzando a alertar sobre los riesgos de ciertos desarrollos.
“La propia empresa Anthropic decidió retrasar el lanzamiento de uno de sus modelos porque podría afectar sistemas bancarios, hackear infraestructuras y generar problemas informáticos de gran escala”, explicó.
Y agregó: “Mientras algunas empresas reconocen que existen riesgos éticos y humanos inherentes al desarrollo de la inteligencia artificial, Milei está diciendo: liberemos todo”.
Inteligencia artificial, control social y seguridad
Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo vinculado al uso de datos masivos y su posible aplicación en tareas de vigilancia, seguridad y control social.
Goldstein advirtió que el avance de la inteligencia artificial está modificando la forma en que se ejerce el poder.
“Antes los Estados dominaban territorialmente a través del monopolio de la violencia. La inteligencia artificial está cambiando eso”, sostuvo.
Según explicó, las empresas tecnológicas pasan a ocupar un rol estratégico porque concentran el software, los algoritmos y la información.
“La represión y la coerción empiezan a depender de empresas privadas que son las que tienen los datos y el software”, señaló.
“Estamos hablando de una voluntad de predecir y reprimir”
En ese contexto, Goldstein cuestionó la posibilidad de integrar bases masivas de información personal provenientes de distintas áreas del Estado.
“Si se cruzan datos de salud, datos sociales y datos económicos, estamos hablando de una voluntad de predecir, acelerar y eventualmente reprimir comportamientos sociales”, afirmó.
Y añadió: “En un contexto de crisis económica, esa capacidad de utilizar datos en gran escala para anticipar conductas se vuelve especialmente preocupante”.
Peter Thiel, y el cuestionamiento a la democracia
El especialista también puso el foco en la influencia del empresario tecnológico Peter Thiel, a quien definió como uno de los principales arquitectos del nuevo poder tecnológico global.
“Peter Thiel no es cualquier persona. Hace más de veinte años dijo que democracia y desarrollo tecnológico no son compatibles”, recordó.
Goldstein señaló además que Thiel fue uno de los primeros magnates tecnológicos en respaldar políticamente a Donald Trump y financió la carrera política de J. D. Vance.
“Hay ideólogos muy cercanos a él que plantean que el futuro ya no debería estar organizado por gobiernos democráticos sino por estructuras de tipo corporativo o monárquico. Esto implica una destrucción de la convivencia democrática”, advirtió.
Una disputa global
Para Goldstein, el debate sobre la inteligencia artificial ya no puede reducirse a una cuestión tecnológica, sino que involucra la distribución del poder político, económico y social a escala global.
“Estamos frente a una nueva oligarquía tecnológica que concentra recursos, datos y capacidad de influencia sobre gobiernos y sociedades. Por eso la discusión sobre la regulación de la inteligencia artificial es también una discusión sobre democracia”, concluyó.








