El referente de la centroizquierda chilena analizó en Mañana Sylvestre el avance de las derechas a nivel mundial y advirtió que el progresismo perdió terreno en la disputa por la comunicación política. “La complejidad del debate murió. Estamos en los atajos y en eso ellos son mejores”, sostuvo. Además, presentó su libro Espejo para príncipes. La política también es una historia.
El dirigente político chileno Marco Enríquez-Ominami advirtió que el avance de las derechas en el mundo responde, en buena medida, a su capacidad para captar la atención pública y construir mensajes políticos simples, mientras que los sectores progresistas enfrentan dificultades para comunicar sus propuestas y ejercer la autoridad desde el poder.
En una entrevista con Gustavo Sylvestre en Mañana Sylvestre, por Radio 10, el referente del Grupo de Puebla sostuvo que el escenario internacional plantea un desafío de largo plazo para la izquierda. “Lamentablemente, para los que somos progresistas, el ciclo recién comienza, no es que esté terminando”, afirmó.
Enríquez-Ominami, que presentó su nuevo libro Espejo para príncipes. La política también es una historia, explicó que las fuerzas conservadoras lograron una ventaja en la disputa por el relato político y en su capacidad para instalar temas en la agenda pública.
“Yo no soy un optimista porque creo que la batalla de lo que se denomina vulgarmente el relato la tienen muy ganada. Captan mejor la atención que nosotros”, señaló.
El dirigente también cuestionó que las derrotas electorales del progresismo se expliquen exclusivamente por el funcionamiento de los algoritmos y las redes sociales. A su entender, existe un problema político y comunicacional más profundo que obliga a revisar las estrategias de los espacios de centroizquierda.
La comunicación política y el poder de las imágenes
Durante la entrevista, Enríquez-Ominami planteó que las campañas electorales están cada vez más condicionadas por la capacidad de los candidatos para construir imágenes y mensajes que despierten emociones, incluso por encima de la discusión programática.
“La política no es una mentira ni es una verdad, es una ficción”, afirmó al explicar el argumento central de su libro, en referencia a la dimensión narrativa que caracteriza a la actividad política.
En ese sentido, aclaró que reconocer el peso de la comunicación no significa desconocer la realidad ni sus consecuencias sobre la gestión de gobierno. “La política se impone a la comunicación política. Creo que la política comunicacional es más que la comunicación de la política. No tengo duda de que la política le gana todo”, sostuvo.
Como ejemplo de la eficacia de los mensajes visuales, mencionó la motosierra utilizada por Javier Milei durante su campaña presidencial y las propuestas de Donald Trump. También aludió a la idea de construir una zanja en la frontera con Bolivia, impulsada por José Antonio Kast en Chile.
“Cuando Milei usa una motosierra es un atajo impecable. A todos los que somos hombres y mujeres de gobierno nos pareció una locura la violencia de la motosierra, pero mirá el éxito de cómo logró comunicar una idea con una motosierra”, señaló.
Para el dirigente chileno, este tipo de recursos permite sintetizar propuestas complejas en imágenes fáciles de recordar y reproducir, mientras que los argumentos más elaborados pierden espacio en una conversación pública dominada por la velocidad y la fragmentación informativa.
“Primero creo que la complejidad está derrotada. La complejidad del debate murió. Estamos en los atajos y en eso ellos son mejores”, afirmó.
“El dividendo del mentiroso” y la desconfianza social
Enríquez-Ominami también analizó el impacto de la desinformación en las democracias contemporáneas. Según explicó, la proliferación de noticias falsas no solo favorece a quienes las difunden, sino que también debilita la confianza general en la información y en los actores políticos.
“El negocio del mentiroso, su dividendo, su renta, su utilidad no es que le crean al mentiroso, es que no le creas a nadie, que es lo que está ocurriendo”, advirtió.
El dirigente consideró que la saturación informativa genera una suerte de fatiga democrática que lleva a los ciudadanos a recurrir a atajos mentales para interpretar la realidad. En ese contexto, las propuestas simplificadas y las imágenes contundentes pueden imponerse sobre los argumentos que requieren mayor elaboración.
Como ejemplo, contrastó una imagen de campaña con la complejidad de las propuestas económicas y de seguridad pública.
“En materia económica es un tema extremadamente complejo, tiene diez variables: el déficit fiscal, la deuda pública, la responsabilidad social, aumentar el poder adquisitivo. Ya no me escuchaste, ya te perdiste en eso”, explicó.
Y agregó que algo similar sucede con la seguridad, donde las políticas de prevención, sanción, rehabilitación y reinserción requieren un debate que no siempre encuentra espacio en las campañas.
Para Enríquez-Ominami, esta dinámica ayuda a explicar por qué determinados dirigentes logran conquistar el poder mediante mensajes contundentes, aunque luego deban enfrentar las dificultades concretas de la gestión.
La izquierda y su dificultad para ejercer la autoridad
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue su diagnóstico sobre las dificultades del progresismo para responder a las demandas sociales de orden y autoridad.
“Creo que nosotros estamos con una seria dificultad para corresponder a dos demandas que están hoy día como prioridad en los pueblos: el orden y la autoridad”, afirmó.
Al referirse a la experiencia chilena, cuestionó las actitudes de algunos dirigentes progresistas que, según su visión, exhiben públicamente sus dudas y transmiten reparos frente al ejercicio del poder.
“Tenemos líderes que se autoflagelan y se deconstruyen. En sus redes sociales nos explican sus dudas existenciales, que cuando son gobiernos dicen: ‘Yo no voy a ejercer la autoridad porque la autoridad es nefasta’”, señaló.
Enríquez-Ominami contrapuso esa actitud con las expectativas de sectores de la sociedad que reclaman decisiones firmes de sus gobernantes.
“La clase media te dice: ‘No, te elegí para que seas jefe de Estado, no que seas mi amigo’. Y en alguna parte hay una gran demanda del ejercicio de la autoridad y la izquierda tiene vergüenza”, sostuvo.
En esa línea, reivindicó experiencias de gobiernos progresistas latinoamericanos que combinaron políticas de justicia social con un ejercicio firme del poder. Mencionó a Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa y Evo Morales, entre otros dirigentes.
“¿Por qué Cristina, Correa, Evo Morales o Chávez fueron tan importantes? Porque fueron progresistas, estuvieron por la justicia social y ejercieron autoridad, fueron implacables en el ejercicio del poder”, afirmó.
Y agregó: “Eso en la izquierda de ahora es visto como un defecto. Yo creo que fue una virtud”.
Para el dirigente chileno, la responsabilidad de gobernar exige tomar decisiones en múltiples áreas, desde la economía y la seguridad hasta la defensa y la soberanía nacional. Por eso, consideró necesario que el progresismo revise su relación con la autoridad y evite transmitir indecisión frente a demandas sociales concretas.
“Tenemos un problema de ejercicio en la autoridad”, concluyó.
Un libro para entender las reglas de la disputa política
En el tramo final de la entrevista, Enríquez-Ominami explicó que su libro busca aportar herramientas para comprender las estrategias electorales y los patrones que se repiten en diferentes países, más allá de sus diferencias económicas, culturales o institucionales.
Según planteó, el ascenso de figuras provenientes del mundo empresarial y la consolidación de liderazgos que construyen su identidad fuera de la política tradicional no son fenómenos aislados.
“No es un accidente que gane Macri, Trump, Piñera o Berlusconi. Son empresarios que hacen del éxito fuera de la política su éxito en la política”, señaló.
El dirigente sostuvo que también existen otros modelos de liderazgo, vinculados con la voluntad política o la renovación de los partidos, y que comprender esas diferencias resulta fundamental para analizar los resultados electorales.
“Hay una lógica en cómo países del norte y del sur, industriales y pobres, sudamericanos y del norte, eligen a los mismos arquetipos. No es un accidente”, afirmó.
Finalmente, destacó que su publicación propone herramientas para interpretar el escenario actual y comprender por qué las derechas consiguen imponerse en distintos contextos nacionales.
“No porque tengan buenas ideas, es porque nosotros, yo creo la izquierda, tenemos una seria dificultad para responder a las demandas de orden y autoridad”, concluyó en diálogo con Gustavo Sylvestre.
El libro Espejo para príncipes. La política también es una historia tiene previsto su lanzamiento en Argentina en febrero, a través del Fondo de Cultura Económica.








