El sociólogo e investigador analizó en Mañana Sylvestre por Radio 10 el avance de la crueldad como herramienta de legitimación política, el impacto de las redes sociales sobre los vínculos comunitarios y la necesidad de construir una alternativa basada en la escucha y la solidaridad.
El sociólogo e investigador Ezequiel Ipar advirtió que la Argentina atraviesa un profundo conflicto de valores, en el que la crueldad comenzó a ocupar un lugar de legitimación política inédito para la democracia. En diálogo con Gustavo Sylvestre por Radio 10, sostuvo que ese fenómeno no puede entenderse únicamente desde la política, sino también a partir de los cambios tecnológicos, culturales y comunicacionales de los últimos años.
Ipar afirmó que el país no tiene una tradición histórica asociada a ese tipo de prácticas. «La sociedad argentina no ha sido históricamente una sociedad cruel», aseguró. Sin embargo, observó que hoy aparecen sectores que «tiran contra lo colectivo y contra lo social» y buscan convertir esa actitud «en un valor», una situación que consideró especialmente preocupante.
En ese sentido, sostuvo que la irrupción de discursos que reivindican abiertamente la crueldad constituye una novedad en la vida democrática argentina. «Nunca antes la crueldad había tomado un discurso político de campaña como ocurrió ahora», remarcó. A su juicio, frente a ese escenario «tiene que haber una reacción» por parte de quienes defienden los valores democráticos y solidarios.
Durante la entrevista también analizó el papel de las redes sociales en la transformación del debate público. Según explicó, las plataformas digitales modificaron las formas de interacción y favorecieron dinámicas donde se debilita la empatía. «No le quitaría peso al cambio cultural que supone que buena parte de la comunicación social pase por esas plataformas», señaló.
Para Ipar, ese ecosistema digital promueve una lógica cada vez más individualista. Incluso advirtió que ciertas plataformas terminan naturalizando «la indiferencia frente al sufrimiento del otro» e, incluso, «una idea de que hay poderosos y débiles, y que está bien que el débil sufra». Esa concepción, afirmó, forma parte de «una ideología contemporánea» que encuentra en las nuevas tecnologías un mecanismo eficaz de difusión.
El investigador también vinculó este fenómeno con un clima de época marcado por la incertidumbre y las sucesivas crisis. En ese contexto, planteó que la oposición y las instituciones democráticas deben construir respuestas capaces de enfrentar un discurso que hace de la crueldad un instrumento político.
En ese marco, consideró que uno de los principales contrapuntos a esa lógica puede provenir de la Iglesia. «La antítesis de ese discurso la podría estar marcando la Iglesia», sostuvo, al destacar el mensaje de solidaridad y de reconocimiento del otro impulsado por el papa Francisco y distintos referentes religiosos.
Finalmente, Ipar llamó a reconstruir una cultura política basada en el diálogo y la escucha. «Escuchar al otro, aunque hoy la dirigencia política muchas veces no lo hace», planteó como una condición indispensable para fortalecer la democracia y construir alternativas frente a la violencia que predomina en buena parte del debate público.
«La sociedad argentina tiene que preguntarse qué está pasando para que estos discursos encuentren aceptación», concluyó, al advertir que el desafío no es únicamente político, sino también cultural y social.





