El especialista español en redes sociales y activista contra la desinformación digital analizó el entramado detrás de Fernando Cerimedo y las campañas de desinformación política en América Latina. En diálogo con Gustavo Sylvestre por Radio 10, advirtió sobre una “industria de la mentira y el odio” que, según sostuvo, opera mediante bots, medios digitales y campañas coordinadas. También vinculó estas estrategias con antecedentes históricos de propaganda política y con la utilización de las redes sociales para influir en procesos electorales.
El caso de Fernando Cerimedo volvió a quedar bajo la lupa a partir de las revelaciones conocidas en Bolivia y de las investigaciones que buscan determinar el alcance de su participación política y sus vínculos con distintos actores de la región. Para Julián Macías Tobar, especialista español en redes sociales y coordinador de Pandemia Digital, el caso no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de un fenómeno internacional de desinformación y manipulación digital.
“Cerimedo, a pesar de ser argentino, incluso en Argentina no es una persona muy conocida hasta las elecciones, donde Milei se hace presidente y él era el responsable de la comunicación digital de esa campaña”, explicó Macías Tobar en diálogo con Gustavo Sylvestre en Mañana Sylvestre por Radio 10.
El especialista sostuvo que viene siguiendo la actividad de Cerimedo desde hace varios años y que su nombre aparece asociado a mecanismos de difusión masiva de contenidos falsos y campañas coordinadas. Según señaló, el empresario llegó a presumir públicamente de contar con una importante cantidad de bots.
“Hay una cosa que sorprende mucho: Fernando Cerimedo presumía en varios artículos de tener más de 50.000 bots”, afirmó.
Una “industria de la mentira y el odio”
Macías Tobar describió un sistema compuesto por emisores de contenidos y redes destinadas a amplificarlos. En ese esquema ubicó a medios digitales y a cuentas automatizadas que, según su interpretación, permiten multiplicar determinadas narrativas políticas.
“Al estilo Steve Bannon, que es un poco como el gurú de toda esta estrategia comunicativa de llenar todo de desinformación, necesita un emisor de fake news o de ataques, de incitación al odio, y luego amplificadores, que son todos estos bots”, sostuvo.
Para el especialista español, este mecanismo no constituye un fenómeno exclusivamente argentino ni responde solamente a una disputa ideológica. “Esto a día de hoy sigue operando a nivel global y lo que es curioso es que no hay una impunidad total”, planteó.
En ese sentido, afirmó que se desarrolló una verdadera estructura económica alrededor de estas prácticas: “Hay toda una industria, gente que se hace millonaria como el propio Cerimedo o su socio Javier Negre”.
Según Macías Tobar, esa estructura ofrece la difusión de “fake news, discursos de odio, invenciones, relatos” y diferentes contenidos destinados a instalar determinadas interpretaciones de la realidad.
El caso boliviano y el “relato” contra los manifestantes
Durante la entrevista también se refirió al audio en el que Cerimedo conversa con el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, y que fue difundido recientemente. Macías Tobar puso especial énfasis en una frase atribuida a Cerimedo sobre la necesidad de construir una determinada narrativa contra manifestantes.
“Hay que crear una novela donde acusemos de narcotraficantes y de terroristas a los manifestantes”, citó el especialista.
Para Macías Tobar, el uso de estas acusaciones tiene antecedentes históricos y cumple una función concreta: deshumanizar al adversario y construir una justificación para la represión.
“Esto se viene usando desde la Operación Cóndor”, sostuvo, y agregó que la misma lógica puede observarse en otros conflictos contemporáneos.
El especialista consideró que la utilización de términos como “terrorista” o “narcotraficante” resulta central para construir determinados relatos políticos y conseguir que sectores de la sociedad acepten medidas contra los grupos señalados.
“Van directamente contra la democracia”
Uno de los puntos centrales de su exposición fue la advertencia sobre el impacto que estas estrategias pueden tener sobre las instituciones democráticas.
“Más allá de ideología, creo que tienen como objetivo derrocar los consensos entre la derecha y la izquierda después de la Segunda Guerra Mundial”, afirmó.
Y fue más allá: “Van directamente contra la democracia, van directamente contra los derechos humanos, contra la paz, contra la ciencia y contra la propia verdad”.
Macías Tobar consideró que el fenómeno debe analizarse desde una perspectiva regional y global, porque las mismas estructuras y métodos se repiten en distintos países.
“Esta amenaza es global y debemos de ser conscientes del peligro que es para la democracia”, advirtió.
El “hilo histórico” de la propaganda
Consultado por Sylvestre sobre la similitud de los discursos que aparecen en Argentina, Bolivia y otros países, Macías Tobar sostuvo que existe un “hilo histórico” detrás de las actuales estrategias de comunicación política.
El especialista recordó el papel de los medios de comunicación durante las dictaduras latinoamericanas y señaló que la propaganda y la concentración mediática fueron herramientas fundamentales para instalar determinados discursos.
“Fue clave la propaganda para la deshumanización de las personas por su forma de pensar, para justificar el asesinato”, afirmó.
También trazó un paralelismo con la Alemania nazi y el papel de Joseph Goebbels como ministro de Propaganda. Según explicó, la diferencia actual está en las herramientas tecnológicas utilizadas para conseguir una difusión masiva.
“En su momento Goebbels tenía el control de las radios. Ahora mismo los que tienen el control de la tecnología por la cual nos informamos son los socios de esta gente”, sostuvo.
En ese marco, alertó sobre la circulación de contenidos supremacistas, noticias falsas y discursos de odio a través de las plataformas digitales.
El rol de las plataformas y las campañas electorales
Macías Tobar también apuntó al poder que tienen las plataformas digitales para instalar candidatos y determinados mensajes políticos. Como ejemplo, mencionó la participación de Cerimedo en la difusión de una entrevista de Tucker Carlson a Javier Milei durante la campaña electoral argentina.
Según el especialista, este tipo de operaciones demuestra la capacidad que tienen determinados actores para lograr una exposición internacional de determinados dirigentes.
“La potencialidad y la capacidad” de quienes manejan estas herramientas, sostuvo, permite que un contenido alcance a cientos de millones de personas.
En ese contexto, vinculó estas estrategias con tecnologías desarrolladas originalmente para obtener y procesar enormes cantidades de datos de usuarios con fines políticos.
Chile, una posible respuesta institucional
Macías Tobar destacó particularmente lo ocurrido en Chile, donde, según explicó, se impulsaron iniciativas para investigar campañas políticas y avanzar en una legislación contra las denominadas “granjas de bots”.
“Hay una cosa importante también que es una legislación contra los bots”, señaló.
El especialista afirmó que dispone de bases de datos sobre campañas digitales realizadas en distintos países y que las pone a disposición de las autoridades cuando corresponde.
A su entender, una regulación específica permitiría avanzar sobre estructuras que actualmente funcionan con altos niveles de impunidad.
Una advertencia sobre la democracia digital
En el cierre de la entrevista, Macías Tobar insistió en que el debate no debería limitarse a las disputas políticas coyunturales, sino centrarse en el funcionamiento de las nuevas herramientas de propaganda y manipulación digital.
“Más allá de ideología, aquí hay una lucha contra los consensos de la derecha y de la izquierda, que son la democracia, la verdad, la ciencia, los derechos humanos y la propia democracia”, sostuvo.
Para el especialista, la aparición de investigaciones sobre estas estructuras puede representar una oportunidad para avanzar sobre mecanismos que, según denunció, llevan años funcionando.
El desafío, planteó, es que las sociedades puedan identificar esas operaciones antes de que las campañas de desinformación logren instalar sus relatos como verdades.
“Esta amenaza es global y debemos de ser conscientes del peligro que es para la democracia”, concluyó.








