En el marco de la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia -en Mañana Sylvestre-, Pablo Verna quien denunció y declaró contra su propio padre por su participación en delitos de lesa humanidad durante la última dictadura, destacó el respaldo masivo que tuvo la convocatoria en Plaza de Mayo.
Gustavo Sylvestre presentó un testimonio cargado de memoria, de reconstrucción histórica y de persistente demanda de justicia. Pablo Verna dejó definiciones contundentes y un relato personal de enorme volumen simbólico y destacó la masividad de la movilización del 24 de marzo y el peso político y social de la fecha:
“Es reconfortante ver lo que pasó el 24 en la plaza… la cantidad impresionante de gente que viene a conmemorar este día y a decir de nuevo ‘Nunca Más’ después de 50 años”.
Además, subrayó que el proceso de memoria sigue activo:
“Cuánto se sigue descubriendo… hace pocos días se identificaron 12 restos de compañeros en La Perla”.
El relato sobre su padre: vuelos de la muerte y asesinatos encubiertos
Verna detalló que su padre, médico militar en Campo de Mayo, participó en operativos represivos entre 1979 y 1980:
“Participó asesinando a compañeros, aplicando anestesias en los vuelos de la muerte, donde él mismo viajaba”.
El testimonio incluye un episodio particularmente brutal:
“Metieron a cuatro compañeros en un auto, les aplicaron anestesia y simularon un accidente arrojándolo a un riacho… como seguían respirando, preveían que la autopsia dijera asfixia por inmersión”.
Los nombres de las víctimas —Alfredo José Berliner, Susana de Solimano, Diana Shatz y Julio Alberto Suárez— fueron incorporados a la denuncia judicial.
“No me arrepiento de nada”: el pacto de silencio
Uno de los aspectos más perturbadores del relato es la ausencia de arrepentimiento:
“Varias veces le dijo a mi hermana: ‘No me arrepiento de nada’”.
Según Verna, su padre buscó intimidar a la familia:
“Creo que tuvo el objetivo de aterrorizarla y sellar su silencio”.
La decisión de denunciar y la ruptura familiar
El proceso de denuncia comenzó en 2013, tras conocer los hechos dentro del ámbito familiar. Verna incluso mantuvo un encuentro cara a cara con su padre:
“En una charla de más de tres horas, me terminó admitiendo que lo que había contado mi madre era verdad”.
La consecuencia fue una ruptura definitiva:
“Se rompió el vínculo y creo que va a ser para siempre. No mantengo vínculo con ningún genocida”.
Amenazas, juicio y persistencia de la impunidad
En 2018, el padre de Verna fue juzgado por amenazas contra la familia:
“Las amenazas alcanzaban hasta mi hija de 7 años”.
Sin embargo, en relación a los crímenes de lesa humanidad denunciados, la causa sigue sin condena:
“No sé qué espera la justicia… con todo esto, parece que hay que llevar testigos presenciales”.
La investigación tramita en el Juzgado Federal 2 de San Martín, en el marco de la megacausa Campo de Mayo.
“El 60% de las víctimas no tuvo juicio”
Verna aportó un dato estructural sobre el estado de los procesos judiciales en Argentina:
“Aproximadamente el 60% de las víctimas no ha tenido su juicio”.
Y si bien reconoció avances:
“Nuestro país condenó a 1231 genocidas en unas 370 sentencias”,
advirtió que aún persiste un amplio margen de impunidad.
Militancia y reconstrucción de identidad
Hoy, Verna redefine su identidad desde el compromiso con los derechos humanos:
“Me siento mucho más un militante por los derechos humanos que un hijo de un genocida”.
Participa activamente en la Comisión Memoria Verdad y Justicia Zona Norte, que recientemente cumplió 30 años de trabajo.






