Por la caída del consumo, los altos costos operativos y la reducción del parque automotor convertido a gas, el empresario cordobés anunció el cierre de una estación de GNC que fundó hace más de tres décadas. En diálogo con Gustavo Sylvestre por Radio 10, advirtió sobre la crisis del sector y sostuvo que el GNC se convirtió en “el combustible de los pobres”.
La profunda caída en el consumo de Gas Natural Comprimido (GNC) volvió a encender las alarmas en el sector de expendio de combustibles. El empresario cordobés Julio Kademian confirmó en Mañana Sylvestre el cierre de una estación de servicio dedicada exclusivamente al GNC, fundada por él mismo en 1989, y describió un panorama que calificó como el más grave de toda su trayectoria.
“No es una estación de nafta, es una estación de GNC que jamás ha pasado la situación que está pasando ahora, que es la caída abrupta del consumo del combustible más democrático, más popular e insustituible”, remarcó apenas iniciada la entrevista.
Para dimensionar la crisis, apeló a una metáfora contundente: “Usted está cerrando la terapia intensiva y está cerrando la guardia del hospital. No está llevándose la camisa, está dejando los muertos adentro del hospital”.
Una historia que comenzó en 1989
Kademian recordó las dificultades que enfrentó para poner en marcha la estación ubicada sobre la avenida Fuerza Aérea Argentina, una de las principales arterias de acceso a la ciudad de Córdoba y a Villa Carlos Paz.
“La energía eléctrica la tuve que traer de un kilómetro y tuve que pagar la línea de media tensión para después donarle la obra a la compañía de energía”, relató.
También recordó los obstáculos para acceder al suministro de gas: “Tuve que esperar tres años que se terminara el gasoducto y cuando me dieron la factibilidad me la quitaron. Tuve que ir hasta la Secretaría de Estado con un escribano para que me la devolvieran”.
Tras más de 35 años de actividad, ahora enfrenta el cierre definitivo y el costo de desvincular a trabajadores de larga trayectoria.
“Hoy tengo que echar empleados con más de 30 años de actividad. Eso cuesta una fortuna para alguien como yo, que siempre tuvo a sus empleados legalmente registrados”, señaló.
La estación contaba con seis trabajadores entre personal administrativo y despachantes.
Menos autos a gas y más eficiencia en los vehículos
Según explicó el empresario, el principal problema es la reducción sostenida de la demanda.
“De haber tenido Argentina dos millones doscientos mil automóviles a gas funcionando, hoy tenemos un millón seiscientos mil”, afirmó.
Al mismo tiempo, señaló que el número de estaciones aumentó mientras disminuía la cantidad de usuarios, deteriorando la rentabilidad de los emprendimientos.
Kademian también destacó el avance tecnológico de los automóviles más nuevos como otro factor que redujo la necesidad de conversión al GNC.
“Donde antes un automóvil hacía 11 kilómetros por litro, hoy están haciendo 24, 25 o hasta 30 kilómetros por litro”, explicó.
A ello se suman los elevados costos operativos. “Esa estación que estoy cerrando tenía un consumo de entre seis y siete millones de pesos por mes de energía eléctrica. Una locura”, sostuvo.
“Se nos fueron haciendo viejos los clientes”
El empresario describió además un cambio generacional en el perfil de quienes históricamente utilizaban GNC.
“Se nos fueron haciendo viejos los clientes. El que tenía 50 hoy tiene 90. El que tenía 40 tiene 80. Y tengo que cerrar”, lamentó.
También señaló que los nuevos vehículos requieren tecnologías más complejas para la instalación de equipos de gas y cuestionó la falta de desarrollo industrial local.
“Los equipos nacionales se dejaron de fabricar porque no tenemos tecnología para los motores nuevos. Brasil sí la tiene y trabaja con motores flex”, indicó.
Críticas a YPF y a la dirigencia del sector
Durante la entrevista, Kademian también cuestionó la concentración del negocio de los combustibles y el rol de las grandes compañías.
“YPF está haciendo estaciones monstruosas de mármol rosa con el dinero de todos los argentinos y los tipos como nosotros, que somos comerciantes de barrio, tenemos que cerrar”, afirmó.
A su vez, lanzó duras críticas contra dirigentes empresariales y referentes del sector expendedor, a quienes responsabilizó por la falta de representación de las pequeñas y medianas estaciones de servicio.
“La clase dirigente del comercio de combustibles está manejada por mediocres, por indigentes de la actividad empresaria”, disparó.
El combustible de los sectores populares
Hacia el final de la conversación, Kademian resumió su diagnóstico sobre la situación del GNC en Argentina.
“La síntesis es una sola: el gas natural comprimido es el combustible de los pobres”, afirmó.
Según su visión, la caída del consumo no sólo refleja problemas específicos del sector energético, sino también el deterioro del poder adquisitivo y las dificultades económicas que atraviesan amplios sectores de la sociedad.
El cierre de esta estación cordobesa se suma a otros casos recientes en distintas provincias y pone de manifiesto las tensiones que atraviesa una actividad que durante décadas fue considerada una alternativa económica para millones de automovilistas argentinos.









