Preocupa el estado de las rutas nacionales que atraviesan la provincia de Buenos Aires, dado el marcado deterioro que presentan, según datos oficiales de la Dirección Nacional de Vialidad. Así lo advirtió Hernán Herrera, licenciado en Ciencia Política, en diálogo con Mañana Sylvestre por Radio 10, donde remarcó que el desgaste de las rutas podría ser incluso mayor en la actualidad.
“Estamos viendo que más de la mitad de las rutas nacionales en la provincia de Buenos Aires están en mal estado”, señaló el licencia en Ciencias Políticas HernánHerrera, y precisó que el porcentaje alcanza el 52%, de acuerdo a cifras oficiales. “Son datos oficiales, en este caso son de 2004”, aclaró, aunque advirtió que la situación hoy sería aún más grave.
En ese sentido, explicó que el deterioro viene en aumento a nivel nacional: “En el promedio del país, las rutas nacionales estaban en 2022 un 23% en mal estado y ahora ese promedio subió al 29%”. Para Herrera, ese crecimiento “tiene un contexto muy claro”.
El especialista apuntó directamente al fuerte recorte en la inversión estatal. “La inversión en obra pública del sector público nacional cayó un 78,7% desde 2003, con datos ejecutados y oficiales de 2025”, afirmó. Y agregó: “La obra pública nacional total está desinvertida, y eso le pega de lleno a las arterias del país”.
Herrera subrayó que el impacto es especialmente grave en la provincia de Buenos Aires: “Es la provincia más grande del país, concentra casi el 40% del PBI”, recordó, y advirtió que el deterioro de la infraestructura afecta tanto a la vida cotidiana como a la actividad económica.
Consultado sobre las proyecciones oficiales, sostuvo que el panorama es aún más preocupante. “En el presupuesto 2026, el gasto en obra pública no pasa del 0,4% del PBI”, indicó. “El país necesita más de dos puntos por año para mantenerse en condiciones aceptables”, comparó, y recordó que incluso en 2023, un año muy complicado, la inversión superaba el 1,5%.
En ese marco, Herrera introdujo un factor clave: el rol del Fondo Monetario Internacional. “El primero que te pide que ajustes el gasto en obra pública es el FMI”, afirmó. “Es el gasto que más fácil podés bajar sin un impacto social inmediato, pero a mediano y largo plazo el daño es enorme”.
“El deterioro de la infraestructura le pega a la calidad de vida de la gente, por las rutas, pero también por hospitales, escuelas, puentes, obras de agua y energía”, enumeró. Y agregó: “También afecta la productividad de las empresas: sin obra pública no bajan los costos ni mejora la competitividad”.
Finalmente, advirtió que el abandono genera un círculo vicioso: “Cuando las rutas se deterioran de esta manera, después necesitás todavía más dinero no sólo para mantenerlas, sino para repararlas”. Como ejemplo, mencionó la Ruta 5: “Si este año no le hacen nada, va a ser prácticamente intransitable”.
“El problema es doble”, concluyó Herrera: “Hay un riesgo para la seguridad vial y un impacto económico adicional que termina pagando toda la sociedad”.




