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Lo que no sabías del Juicio a las Juntas, a 35 años de un hito histórico

Se cumplen 35 años de un hecho histórico para la democracia argentina, el día que por primera vez un tribunal de Justicia juzgaría a las tres primeras juntas militares que formaron parte de una dictadura. El 22 de abril de 1985 dio comienzo el Juicio a las Juntas, a menos de 2 años del retorno a la vida institucional, y sería una verdadera prueba de fuego para la naciente democracia argentina.

En su libro Intrigas, Alianza y Traiciones, el detrás de cámara de nuestra democracia, Gustavo Sylvestre narra hechos nunca antes conocidos de nuestra historia reciente, acompañados con sorprendentes anécdotas y relatos, algunos de ellos contados de boca de los protagonistas principales de la escena política nacional.

En uno de sus capítulos cuenta de primera mano los entretelones que rodearon al inicio del trascendente juicio a los comandantes, y revela la existencia de una “contrapuesta” llegada desde el mundo castrense en vano intento por impedir que se diera a conocer públicamente las atrocidades cometidas por la última dictadura. Aquí la transcripción:

“Pensar que había noches que me acostaba en Olivos siendo presidente y no sabía si al despertarme, lo iba a seguir siendo”. La frase me la confesó el ex presidente Raúl Alfonsín, en una cena que compartimos con otros amigos. Era fines de 1989 y había pasados unos pocos meses desde su salida anticipada del Gobierno. En esa confesión, el ex presidente desnudaba lo difícil que había sido su gestión, sobre todo el primer tramo de la recuperada democracia argentina.

Esas palabras enmarcan y tal vez ayudan a comprender muchas de las decisiones que debió tomar en su mandato. Aunque no todas fueron de su agrado, el objetivo final era claro: consolidar la incipiente democracia.

Los militares estaban presentes y su poder era fuerte aún. Pese a todo, Alfonsín decidió avanzar con el Juicio a las Juntas Militares (como lo había prometido en campaña), para desnudar las atrocidades que se habían cometido durante la reciente dictadura. Aquello que Ernesto Sábato como integrante de la CONADEP y al adentrar en la investigación de los hechos calificaría como un verdadero descenso a los infiernos.

Lo que no se sabe aún es que el juicio a los militares estuvo a punto de naufragar. Una vez conformado el Tribunal (cuyos integrantes fueron Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, Carlos Arslanián, Jorge Valerga Aráoz, Guillermo Ledesma y Andrés D´ Alessio), definidos los fiscales que elevarían la acusación (liderados por el Dr. Julio César Strassera, con la colaboración del Dr. Luis Moreno Ocampo), y mientras preparaba el juicio con fecha de comienzo el 22 de abril de 1985; los militares se inquietaron al ver que la promesa de Alfonsín iba en serio.

Algunos militares en actividad y otros retirados, preocupados por quedar expuestos ante la sociedad, elaboraron una contrapropuesta a lo que significaría el Juicio a las Juntas. El encargado de transmitir la contrapropuesta militar a los jueces del tribunal y a los fiscales fue un funcionario que se desempeñaba con alto rango en la secretaría de Inteligencia del Estado

Uno de los integrantes del tribunal me reveló las intenciones de la contrapropuesta: obstaculizar la presentación pública de testigos que contaran el horror de los centros clandestinos de detención de personas; frenar las pruebas de la fiscalía contra los ex comandantes y evitar que los mismos se sentaran en el banquillo de los acusados.

En resumen, querían evitar el juicio y no verse expuestos a que los argentinos en su conjunto conocieran el horror de lo hecho. A cambio, ofrecían su confesión con la condición de que no hubiese testimonios y de que no se los hiciera comparecer públicamente ante el tribunal.

La propuesta la recibió el fiscal Strassera en el otoño de 1985, cuando preparaba las pruebas: «Usted renuncia a las pruebas y los militares confiesan», le propuso un enviado de los que trabajaban para que eso ocurriera.

Strassera pidió una audiencia con el presidente Alfonsín (en esos tiempos, los fiscales dependían del poder ejecutivo y debían obedecer sus instrucciones). En ese encuentro, Alfonsín dijo que se iba a ocupar, que él no estaba al tanto de esas conversaciones y que su única instrucción era que el juicio debía iniciarse. Sobre final de la reunión, se dio el siguiente diálogo que marca el contexto del juicio.

Alfonsín: – Yo no tengo ninguna instrucción para darle. Haga lo que debe hacer. Lo único que le sugiero, es que no se vuelva loco.

Strassera: – Demasiado tarde, Presidente

Tras el rechazo de Strassera, uno de los integrantes del tribunal recibió la misma propuesta. Entonces un ministro de Alfonsín lo llamó por teléfono y le indicó que debía reunirse con él, adelantándole la posición del gobierno. El magistrado consultó el tema con los otros integrantes, quienes decidieron que debían concurrir al encuentro y, obviamente, rechazar la propuesta. Así lo hizo: en una reunión secreta la contrapropuesta fue rechazada tajantemente.

Pero había espacio aún para las sorpresas. El mismo lunes 22 de abril de 1985, minutos antes de comenzar el Juicio a las Juntas, se recibió un llamado en el tribunal advirtiendo que habían colocado una bomba en la sala de audiencias del Palacio de Justicia. A la tensión que se vivía por el comienzo del juicio, se le sumaba la de ver cientos de vidas expuestas otra vez, ahora en democracia.

Ante el llamado, los integrantes del tribunal se reunieron y ordenaron que las fuerzas de seguridad especializadas examinaran el edificio, sin que se diera a conocer. Tras revisar cada rincón de cada piso, se concluyó nada había de cierto. Otra treta más había sido desbaratada; la última en la intención de no ser juzgados y permanecer impunes.

Ese día, los integrantes del tribunal tomaron una resolución: hacer oídos sordos a cada amenaza telefónica que llegará al cuerpo.

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